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El expresidente Leonel Fernández, afectado por un alzhéimer selectivo, ha organizado un almuerzo con el presidente actual, Luis Abinader, para debatir la situación económica, política y social del país, así como las obras realizadas en Santo Domingo. Abinader acepta la invitación, proponiendo que el almuerzo se lleve a cabo en Pedernales, destacando el progreso y bienestar en la región gracias a proyectos turísticos en desarrollo. Sin embargo, la discusión sobre quién ha contribuido más al bienestar del país en los últimos años parece ser infructuosa, dada la disparidad de circunstancias entre ambos mandatos.

Reflexión sobre la gestión de ambos presidentes

Es innegable que tanto Abinader como Fernández han dejado su huella en la historia de la República Dominicana. Mientras que el actual presidente ha liderado un gobierno de cinco años marcado por la pandemia, la crisis económica y la necesidad de reactivar sectores clave como el turismo, su predecesor gobernó durante 12 años en un contexto de relativa estabilidad económica. Las comparaciones entre ambos mandatos pueden resultar injustas, considerando las diferentes realidades a las que se enfrentaron.

El exceso de corrupción en la administración de Fernández ha sido motivo de críticas y escándalos, siendo señalado como el "Padre de la corrupción moderna". En contraste, Abinader ha implementado medidas para combatir la corrupción y fomentar la transparencia en su gobierno. A pesar de las diferencias en enfoque y estilo de liderazgo, ambos presidentes han contribuido al desarrollo del país, cada uno a su manera y en su contexto histórico particular.

Impacto de las obras en el país

El legado de los presidentes se ve reflejado en las transformaciones urbanas y sociales que han tenido lugar en diversas ciudades dominicanas. Santiago, por ejemplo, ha experimentado un cambio significativo durante la gestión de Abinader, con proyectos de infraestructura que han mejorado la calidad de vida de sus habitantes. La región Este también ha sido objeto de importantes inversiones, al igual que el Sur, que ha recibido una atención renovada bajo la administración actual.

El almuerzo entre Abinader, Fernández y posiblemente Danilo Medina, si se suma a la conversación, debería trascender la mera comparación de logros y fracasos. Es necesario que la discusión sobre el futuro del país se base en principios éticos y morales, dejando de lado las disputas partidistas y los señalamientos infundados. Solo a través del diálogo respetuoso y constructivo se podrá avanzar hacia un futuro más próspero y equitativo para todos los dominicanos.

En conclusión, el almuerzo entre los presidentes pasados y presentes de la República Dominicana es una oportunidad para reflexionar sobre el legado de cada uno, los retos que enfrentaron en su momento y las lecciones que podemos aprender de su experiencia. Más allá de las diferencias políticas y personales, es importante reconocer el aporte de cada líder al desarrollo y progreso del país, así como trabajar juntos hacia un futuro común de bienestar y justicia para todos los ciudadanos.