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Construyendo igualdad de género desde el poder

La lucha por la paridad de género en la política ha sido un tema candente en América Latina, donde las cuotas de género han sido una herramienta controvertida pero efectiva para aumentar la representación femenina en espacios políticos dominados tradicionalmente por hombres. María Elena Wapenka, ex diputada en Paraguay, defiende fervientemente la importancia de las cuotas de género como un medio crucial para dar voz a las mujeres en la toma de decisiones políticas, rompiendo las barreras estructurales que históricamente las han excluido. Por otro lado, Patricia Bullrich, ministra de Seguridad de la Nación en Argentina, cuestiona la eficacia de estas medidas, argumentando que podrían perpetuar estereotipos y socavar la meritocracia en la política.

La realidad es que la presencia de mujeres en los espacios de poder político en América Latina y el Caribe sigue siendo limitada, con solo un 30% de participación femenina en la toma de decisiones en promedio. A pesar de avances en leyes de cuotas y reformas constitucionales en varios países, los sistemas políticos patriarcales continúan obstaculizando la igualdad de género. Mientras que Chile y Costa Rica han logrado la paridad en sus gabinetes ministeriales, la proyección para alcanzar la paridad en los parlamentos nacionales es de 40 años. A pesar de avances en empoderamiento político y oportunidades económicas, todavía queda un largo camino por recorrer para lograr una verdadera igualdad de género en la región.

El debate sobre la efectividad de las cuotas de género para cambiar la participación de las mujeres en el poder sigue vigente. A nivel mundial, se ha observado que los sistemas políticos que implementan cuotas de género tienden a tener una mayor representación femenina en comparación con aquellos que no lo hacen. Sin embargo, las críticas apuntan a que estas medidas podrían dar lugar a representaciones de mujeres sin el respaldo popular o la experiencia necesaria, lo que alimenta la percepción de que las mujeres acceden a estos espacios solo por su género y no por su capacidad.

Paridad como nueva bandera

Recientemente, en octubre de 2024, la Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer (CEDAW) aprobó la Reglamentación General 40, que establece la paridad 50-50 como un objetivo central. Según el Comité, la falta de paridad obstaculiza la capacidad de los Estados y la comunidad internacional para abordar los desafíos urgentes en áreas como la paz, la estabilidad política, el desarrollo económico, el cambio climático y la inteligencia artificial. Este enfoque busca una igualdad de oportunidades y participación entre los géneros, con el objetivo de transformar las dinámicas de poder y promover un liderazgo equilibrado de manera sostenible.

Para lograr una paridad sustantiva y no solo formal, es necesario realizar una transformación estructural de los roles de género en todos los ámbitos, tanto públicos como privados. Esto implica reconfigurar las estructuras de poder y cambiar las mentalidades arraigadas en tradiciones patriarcales. La experiencia de países como México, Chile y Argentina sugiere que un enfoque combinado de cuotas de género y acciones coordinadas entre diferentes actores políticos y sociales puede ser clave para avanzar hacia la paridad de género de manera efectiva.

A pesar de las críticas y desafíos, la paridad de género en la política sigue siendo una meta ambiciosa y necesaria para lograr una verdadera igualdad de género en la región. Es fundamental que se generen acuerdos nacionales que comprometan a todos los actores, desde el Estado hasta la sociedad civil, a crear las condiciones necesarias para que las mujeres accedan y se mantengan en posiciones de poder político. La paridad no es solo un derecho político, sino una herramienta fundamental para construir una sociedad más equitativa y justa para todos.