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La crisis que desencadenó la caída de Trujillo en 1960 fue un momento crucial en la historia de la República Dominicana. Durante las primeras semanas de febrero de ese año, el régimen de Rafael Leónidas Trujillo se vio sacudido por una serie de eventos que marcaron el principio del fin de su dictadura de 30 años.

La tensión se intensificó cuando la Iglesia católica, liderada por el obispo Octavio Beras, rompió públicamente su relación con el gobierno. Desde los púlpitos, los sacerdotes denunciaban las violaciones a los derechos humanos y la represión contra los opositores. El 25 de enero de 1960, la Iglesia emitió una carta pastoral condenando al gobierno y exigiendo la liberación de los presos políticos, lo que generó un fuerte impacto en la sociedad dominicana.

Paralelamente, el Servicio de Inteligencia Militar de Trujillo descubrió una conspiración liderada por Manuel Aurelio Tavárez Justo, lo que resultó en la detención de aproximadamente 2,000 personas en todo el país, en su mayoría jóvenes. Esta represión desató aún más la indignación popular y debilitó la posición del régimen.

En medio de esta creciente presión, el presidente Héctor Bienvenido Trujillo se vio obligado a renunciar el 3 de agosto de 1960, cediendo su puesto al vicepresidente Joaquín Balaguer en un intento por evitar sanciones internacionales. Sin embargo, la situación empeoró tras el atentado contra el presidente de Venezuela, Rómulo Betancourt, el 24 de junio de 1960, lo que llevó a la Organización de Estados Americanos (OEA) a imponer sanciones diplomáticas y económicas contra el régimen trujillista el 21 de agosto.

En un intento desesperado por mantenerse en el poder, Trujillo recibió dos delegaciones enviadas por el presidente de Estados Unidos, Dwight D. Eisenhower. La primera misión, encabezada por el senador George Smathers y el general Mark Clark en marzo de 1960, fue rechazada por el dictador. La segunda delegación, liderada por William Pawley en mayo, tampoco logró persuadir a Trujillo de abandonar el poder, quien afirmó que solo dejaría el país muerto.

El 25 de noviembre de 1960, la brutalidad del régimen se hizo evidente con el asesinato de las hermanas Mirabal en la carretera que conecta Salcedo con Puerto Plata. Este crimen conmocionó a la población y debilitó aún más la posición de Trujillo en el poder.

Finalmente, el 31 de mayo de 1961, un grupo de conspiradores logró poner fin a la dictadura al emboscar y asesinar a Trujillo en la carretera de San Cristóbal, marcando el cierre definitivo de una de las épocas más oscuras de la historia dominicana. Esta caída fue el resultado de una serie de eventos que evidenciaron la creciente oposición interna y externa al régimen, así como la brutalidad y represión que caracterizó el gobierno de Trujillo. La República Dominicana iniciaba así un nuevo capítulo en su historia, dejando atrás una era de dictadura y opresión. El legado de Trujillo perdurará como una advertencia sobre los peligros del autoritarismo y la violación de los derechos humanos.